EL VALOR DE LA VIDA
I
Aquí estoy, en un cuarto frío, oscuro y desolado; no veo la hora de que amanezca; tengo frío y sueño, pero lo peor de todo es que tengo el estómago vacío porque hace un rato me trajeron comida y por orgullo la rechacé.
II
En estos momentos anhelo estar en mi casa, escuchando la cantaleta de mi mamá, los gritos de papá protestando por la bulla, mis hermanos alegando y el perro ladrando.
III
¿Cuánto estarán pidiendo por mi liberación?, a veces pienso que sería mejor que yo muriera, para no causarles más problemas a mis padres.
IV
Ya salió el sol, veo por la rendija de la puerta como entra en la habitación y alumbra todo, por cierto, me molesta mucho; la habitación se ve muy sucia, las paredes llenas de mugre y el piso de baldosa, curtido. Lo único que hay aquí es una silla y las cadenas que me separan de la libertad.
V
En estos momentos oigo un ruido, un fuerte ruido, parece un helicóptero, estoy muy asustado, no se que pensar, estoy contengo porque pienso que talvez me van a liberar, pero por otro lado estoy asustado porque todo puede complicarse.
VI
Bruscamente abren la puerta, sin dejar correr el tiempo me quitan las cadenas y me imaginé muchas cosas, excepto lo que realmente sucedió.
VII
Me sujetan los brazos fuertemente y alguien con una actitud rígida de hombre asustado me apunta con un arma y me dice: “tu padre no quiso cooperar, ahora tu vida tiene otro precio”.
VIII
Muy lentamente salimos, veo a mí alrededor más de treinta uniformados, antes de subir a un carro veo el rostro de mi papá con una expresión de miedo.
IX
El vehículo arranca y por mi mente pasan miles de ideas, sinceramente no veo una solución, pague o no pague mi papá la plata, ellos me matarán, ya estoy pensando en mi muerte.
X
Escucho nuevamente el sonido del helicóptero, estoy muy asustado y en lo único que pienso es en agacharme, lo hago rápidamente, comienza una balacera.
XI
Un hombre saca la mitad de su cuerpo por la ventana y con el auto en movimiento comienza a disparar, sólo escucho las detonaciones, me tapo los oídos, aún así el ruido no disminuye.
XII
Observo a mi lado, un hombre habla por celular: “No deseaba este final para su hijo”.
XIII
Al escucharlo me arrojo del auto, veo el helicóptero aterrizando, tres soldados vienen a recogerme, me suben al helicóptero y emprendemos el vuelo. Abajo continúa la batalla entre soldados y secuestradores.
XIV
No veo nada, sólo escucho el llanto de mi padre y la voz del general Pedro Pulido diciéndole que los secuestradores han sido abatidos, sólo quedó uno con vida.
XV
En el hospital San Vicente me recupero de las heridas, recuerdo aquellos momentos dándole gracias a Dios por haberme dado otra oportunidad, por haberme permitido volver a ver a mis familiares y por haber hecho caer en cuenta sobre el valor de la vida.
Juan Diego Cardona Martínez. 15 años. I.E. Fe y Alegría – El Limonar. 2008
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