PARA QUE SIRVE UN AMIGO

Tal vez para hacer lacerar mis labios por tantas sonrisas olvidadas, o tal vez para dejar su huella inerte bajo las ojeras de mis ojos, o tal vez para unirse al aire caliente y ser un muñeco invisible que juegue constantemente en mi cabeza a la divinidad de los sentimientos, que se vierte en la obscenidad de mis vértebras y tendones para volverse ya una esencia inexistente.
Melissa Escobar Londoño. 15 años. I.E. Manuel J. Betancur. 2008

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